20120603

MI ARBOL


Existen personas en nuestras vidas, que nos hacen felices por la simple casualidad de haberse cruzado en nuestro camino.
Algunas recorren el camino a nuestro lado viendo muchas lunas pasar, otras apenas las vemos entre un paso y otro.
A muchos de ellos los denominamos amigos del alma, del corazón. Son sinceros, son verdaderos.
Ellos acostumbran a colocar muchas sonrisas en nuestro rostro, iluminan el alma de afectos y poesías durante el tiempo que perdure.
Son aquellos que están en la punta de las ramas, y que cuando el viento sopla siempre aparecen entre una hoja y otra.
El tiempo pasa, perdemos algunas de nuestras hojas, algunas nacen en otros veranos y otras permanecen en nuestras esencias. 
Pero lo que nos hace más felices es que las que cayeron continúan cerca, aún sin verlas, alimentando nuestra raíz con recuerdos de momentos maravillosos e inolvidables.
Sin duda alguna, las grandes personas  nos dejan grandes vacios porque ellos han marcado nuestras vidas, son eternos y eso es ser inmortales para nuestros corazones
La vida nos matiza con momentos de alegrias y de dolor, sin embargo, gracias a esas emociones podemos ir avanzando como seres espirituales y de conciencia.
En la estación de la vida he dejado a mi padre, pero el destino presumió más allá con mis emociones, llevándose también a una gran amiga y poeta. Sé con absoluta certeza que hoy ambos me acompañan como la hoja caída sobre mis raíces. Están allí, los puedo sentir aún sin verlos...
Ambos son la prueba evidente de que dos almas no se encuentran en esta vida por casualidad o por destino. Algo que es invaluable queda en nuestro interior como un sello.
El amor todo lo hace posible, en alguna forma nos curan esos vacíos, esas tristezas y nos enseñan a como seguir la vida sin esas hojas de nuestro árbol.
Nutre tu vida y no dejes de recordar que cada dia que creces como ser humano das a tus hojas vitalidad y las contagias para ser mejor.

¡Amado padre, amada amiga, hojas de mi árbol... les deseo paz y poesía en su nuevo hogar!